—¡Caminemos y observemos las estrellas! —ella me miró a los ojos y una sonrisa sutil salió de sus labios—, dejemos que los astros nos guíen y nos llenen con su energía. Yo asentí y nos enrutamos en medio de un sendero oscuro y melancólico, caminamos por varias horas y ella no pronunció una sola palabra; yo observé su espalda y medité en silencio. —Hemos llegado —ella rompió el silencio y señaló el cielo oscuro lleno de puntitos blancos —ahí está la vía láctea; es hora de soñar... Yo sonreí, caminé unos cuantos pasos y me acerque junto a ella, su mirada pícara me señaló una aventura, acarició mi cabello y en una explosión que invadió mis sentidos vi como empezó a correr. —¡Rápido, las estrellas nos esperan! —dijo. Ella se subió sobre una estrella, la escaló como pudo y observó el horizonte, yo la alcancé y jadeante traté de reponer el aliento. —¡Brinquemos! —su júbilo inundó con luz todo el espacio. Yo volví a asentir y brincamos sobre las estrellas; y entre cada salto nos alejamos de c...
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